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Salud mental: la otra pandemia

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Texto: Clara López Nieto. Fotografía: Getty Images/iStockphoto

La pandemia ha agravado los problemas de salud mental de la población. La crisis económica, el aislamiento social, y el miedo a ser contagiado han supuesto un fuerte impacto anímico en la ciudadanía e incrementado la aparición de trastornos mentales, así como empeorado las condiciones de aquellos que ya lidiaban con uno. Así lo muestra el último estudio publicado por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) sobre la salud mental de la población española durante la pandemia de la COVID 19, basado en más de 3000 entrevistados.

Según este estudio, el 46 % reconoce haber sufrido ansiedad; el 58 % tristeza. El 41,9 % ha padecido problemas de sueño, el 51,9 % se siente cansado o con pocas energías, y el 38,7 % ha tenido dolores de cabeza, entre otros problemas como taquicardias, mareos o desmayos. Siete de cada diez españoles han tenido en algún momento del año miedo a perder a algún familiar cercano y casi una de cada cuatro personas (23,4 %) ha sentido miedo a morir por coronavirus. Casi la mitad de los encuestados coincide en su visión de ánimo respecto al futuro: desesperanzados.

Doce meses de incertidumbre, restricciones severas, poco o nulo contacto con los seres queridos, miles de muertes diarias en todo el mundo… Esta pelea incesante con el virus ha llevado a la población al cansancio, estrés mantenido durante mucho tiempo, insomnio o irritabilidad. Todos estos síntomas derivados de la pandemia y sus consecuencias ya tienen nombre: fatiga pandémica, un concepto que, no obstante, deriva en muchos más efectos que el propio cansancio. De igual modo, la sintomatología previa a la pandemia se ha potenciado, aumentando los casos de ansiedad y depresión como principal problemática.

La pandemia ha puesto de relieve la importancia de la salud mental, así como todas las carencias de esta en el sector público, que venían arrastrándose de años atrás. Según los últimos datos emitidos por el Defensor del Pueblo el 30 de enero de 2020, en 2018, en la sanidad pública española existían un total de 6 psicólogos clínicos por cada 100 000 habitantes, 12 menos que la media europea.

En la sanidad pública, los psicólogos son escasos, y es destacable la demora de las atenciones y escasa periodicidad en las consultas; sin embargo, en la sanidad privada el precio es elevado, y no todo el mundo tiene los recursos necesarios para acudir a un profesional de pago. Raquel Játiva Casanova, psicóloga, explica cómo viven esta situación desde dentro: “Ya de antes de la pandemia se sabía que faltan psicólogos, que hay muchas quejas de muchas personas porque el tratamiento psicológico requiere que sobre todo al inicio haya una continuidad en las visitas. Espero que todo este aumento de casos que tenemos ahora mismo de pie a que se aumenten los recursos de psicología en la salud pública y también en los servicios sociales”.

Por otra parte, la prescripción de psicofármacos se ha duplicado con respecto a los recetados con anterioridad al inicio de la pandemia, principalmente ansiolíticos, antidepresivos y reguladores del sueño. Raquel Játiva alude a ello: “En otros países se ha aumentado el número de psicólogos precisamente para reducir el coste que conlleva a la sanidad pública la medicación que debemos tomar. Si no tenemos los recursos psicológicos, la gente toma medicación. El miedo a enfrentarte a ciertas situaciones no se soluciona con un ansiolítico. Eso te puede reducir un poquito la ansiedad, pero vas a tener el problema de forma permanente hasta que no se solucione, y eso lo da un psicólogo”.

Si bien es cierto que cada vez es más frecuente que una persona que está pasando por un mal momento decida recibir terapia psicológica, la profesión del psicólogo sigue estando sujeta a muchos estigmas todavía, que hacen que no se acabe de normalizar el bienestar emocional ni la salud mental. “Yo creo que poco a poco se va a ir mejorando la visión del psicólogo y el acudir a un psicólogo como un recurso parte de la vida. Sí que es verdad que la expresión de sentimientos se ha visto durante décadas como una muestra de debilidad y eso hace que la gente a la hora de expresar sentimientos todavía tenga muchas dificultades. También hablar de trastorno mental es una palabra que suele dar mucho miedo, porque se ha relacionado con enfermedades donde se pierde un poco el sentido de la realidad. Pero, poco a poco, los profesionales de la salud mental hemos ido dando información sobre lo que es la ansiedad, la depresión, el estado de ánimo… y todo eso hace que la gente entienda y normalice nuestro trabajo y el tema de la salud mental como quien va al médico por otras temáticas o quien va al fisio por un problema muscular”, concluye Raquel Játiva.

 

 

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