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Davianna Candelario y todo lo que esconde su poesía

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Autora: Judit Macarro 

En un país en el mundo colocado en el mismo trayecto del sol… Los versos del poeta Pedro Mir transportan a Davianna al lugar en el que nació: un pueblito en el este de la República Dominicana por donde sale el sol, Higüey. Es del 99 y se presenta como “Reina Tauro”. 

Un susurro constante a través de su mirada nerviosa, que martillea desde la esquina…

  • ¿Te gusta la astrología?
    • Sobre todo, estudiarla. Constantemente se actualiza y eso hace que aprenda siempre cosas nuevas. Mi astrólogo de cabecera, Esteban Madrigal, dice que la astrología es aprender el “lenguaje de las estrellas”. Me gusta pensar en las civilizaciones que nos precedieron, porque son miles y miles de años de conocimiento científico obtenido por la mera observación de “la danza celeste”. Además, todos necesitamos una guía, creer en algo. Yo por lo menos pienso eso.
  • ¿En qué crees tú?
    • En muchas cosas, de todo un poco.
  • ¿En Dios crees?
    • No lo sé… yo vengo de una familia muy religiosa, por una parte, testigo de Jehová y, por otra, evangélica protestante. Eso me ha influenciado. Mi madre, además, practicaba un tipo de espiritualidad caribeña que tiene que ver mucho con el sincretismo religioso: una mezcla de catolicismo y religiones de origen yoruba. Yo crecí en esa mezcla de creencias y por ello no me dirijo a un ente único, aunque sí rezo. 
  • ¿A qué le rezas?
  • Es muy complicado para mí dirigirme a un único ente. Pero, por ejemplo, los testigos de Jehová me decían que tenía que dirigirme a un dios específico: el señor Jehová. A mí eso me costaba mucho, yo creo solo en aquellas cosas que me hacen feliz… el infierno… ¡Qué pereza!

Afirma entre risas que le gusta mucho pecar y que siempre ha sido muy sabichosa (pícara). “Yo desde pequeña he sabido que era bisexual y como en la Biblia solo mencionan el pecado entre dos hombres…”. Davianna siempre ha buscado los vacíos legales para ser feliz: “tampoco lo comentaba con nadie, sabía que estaba mal, pero los aprovechaba para no sentirme mal”.

  • ¿No se habla de las lesbianas en la biblia?
    • No se le ve capaz de eso. La mujer se ve como un ente no lujurioso, eso es cosa de hombres. Y, en este caso, ser mujer me vino muy bien. 
  • ¿Y tus padres qué pensaban?
    • Cada uno busca la manera de escapar para poder llevar la vida que se quiere. Por ejemplo, mi papa es un hombre gay, religioso y de mente muy abierta con todo el mundo menos conmigo. 
  • ¿?
  • Cuando supo que yo tenía novio y que dormía con él me decía: “Que va a pensar de ti, dirán que ya no eres señorita, que has perdido la decencia…”. Para que veas un poco cómo funciona este mundo y cómo se sitúa a la mujer.

Tras sus ojos el constante ronroneo que dice no ser ella, que quiere huir lejos…

  • Ese dogma religioso no le satisface, por eso, prefiere creer en aquello que le haga feliz, como en la guía de sus ancestros: “me alegra pensar que mis abuelas me guían, que puedo hablar con ellas”. En su casa tiene un pequeño altar con los cuatro elementos donde se comunica con sus seres queridos. También le gustan las ofrendas y los ritos, por ello Davianna, Davi para los amigos, celebra dos veces el año nuevo: 
    • Ahora en marzo las culturas indígenas dan paso a un nuevo año. Pero ello no hace que no lo celebre también el 31 de diciembre. Llevar estos ciclos me conectan con la tierra y eso me hace sentir muy bien. 
  • Y en República Dominicana… ¿La mayoría de religión que se profesa es la católica?
  • Sí, en mi pueblo todo el mundo es católico. De hecho, la vida social allá se mueve por la religión. Lo cool era juntarte y decir “pues esta tarde me voy a la iglesia que tenemos tal evento”.

Entre risas Davianna recuerda que cuando llegó a España, a los 16 años, dijo en clase emocionada que ella era testigo de Jehová. Cuenta que una amiga ecuatoriana se le giró y le dijo “eso no lo digas aquí”. 

    • Me sorprendió bastante, fue como… ¡¡¿¿Cómo que el domingo no hay un guateque en la iglesia??!! Lo echo de menos la verdad.
  • ¿Sí?
    • Sí, porque yo me lo pasaba muy bien en la iglesia. Iba ahí a rezar y luego… (entre risas) y luego a ligar. 
  • ¿A ligar a la iglesia?
    • Sí, es lo que te digo. La vida social se mueve por la iglesia, entonces para buscar un buen marido tú vas allí. Sí, lo sé, es un choque cultural muy fuerte. Ya te digo que esto pasa sobre todo en pueblos como el mío, que son pequeños y rancios. 
  • ¿En qué sentido?
    • Pues son pueblos de toda la vida de dios, donde incluso todavía las chicas se casan por vacas.
  • ¿Perdón?
    • Sí, sí. Yo tenía una compañera a la que vendieron por vacas y eso es muy normal, sobre todo en los campos del país. Tanto así, que hace menos de cinco años se prohibió el matrimonio infantil y estos eran, en su mayoría, por conveniencia: “vender a las hijas por vacas”. 
  • Como si fueran mercancía…
  • Todavía muchos padres piensan en sus hijas en cuanto a valía, si la hija es blanquita, con el pelo largo y virgen mejor. La belleza de la mujer allí es algo muy importante. 

Que murmura no ser suficiente, huésped de su propio ser…

El choque cultural, al principio, a Davianna le resultó muy frustrante: “cambian muchas cosas, sobre todo si eres mujer”. Admite que, para alguien que ha sido sometido a tantas normas y tanto recato, cuando se abre este mundo de oportunidades puede llevar a las chicas a acabar muy mal. 

    • Mi mamá decía que es como un muelle, cuando tu lo mantienes bajo presión y lo sueltas hace: ¡PUM! 
  • ¿Tú estás bajo presión?
    • Yo aun con veinte años tenía que pedirle permiso a mi padre para salir de casa. Siempre quería saber con quien iba, a dónde y a qué hora volvía. Y sí hoy siguiera bajo su techo, seguiría bajo ese control.  
  • ¿Ya no te controla?
    • Bueno… muchas veces salgo a pasear sin mi novio y la pregunta inmediata es “dónde está él”. No creo que sea una pregunta malintencionada, pero sí dice mucho de qué se espera de mí.
  • ¿En qué más viste la libertad, la diferencia?
    • Me sorprendió mucho cuando llegué a España el tema de la vestimenta. Por ejemplo, yo no estoy acostumbrada a llevar pantalones cortos porque el acoso callejero y la religión me enseñaron que debo evitar “provocar”. Además, es algo que te enseña tu propia familia, que no debes provocar con tus vestimentas a tus tíos, abuelos, primos, etc. Y al ver que aquí, en general, puedes llevar esa ropa y que se te respete… fue un choque cultural muy grande.
  • Violencia en la familia…
    • Sí. No es normal que por que tú tío venga a casa te hagan cambiarte de ropa. Si jugaba con mis primos tenía que ser en un salón con más personas… Se perpetua esa violencia hacia las mujeres dentro de la propia familia. Y nadie dice nada, pero todo el mundo lo sabe. Esos comentarios y acciones lo demuestran. 
  • Un silencio que dice mucho.
    • Claro. Y luego te sientas a hablar con tu madre y tus tías y oyes comentarios como “me tocó así x familiar jugando”. Ellas no lo ven como lo que es, como violaciones. Lo ocultan bajo la frase de “son cosas de críos”. Hay mucha mierda y mucha violencia transgeneracional. ¿Has visto Rápido y Furioso?
  • ¿Fast and furious?
  • ¡Sí! Hay un personaje, Toreto, que siempre está con “la familia, la familia, la familia…”. Pues es esa idea, de puertas pa’ fuera no se dice nada. Es una herida muy profunda. Somos generaciones y generaciones de mujeres violentadas por nuestros propios familiares, no por un señor desconocido que va con capucha en medio del bosque.

Una voz que le invita a callar, le hace pequeña, le humilla…

Davianna Peña Candelario desde pequeña solo usa Candelaria para presentarse, porque como ella dice: “es mi apellido materno y tiene la palabra candela, que me identifica”. Davi cuenta que su madre es una mujer trabajadora, que no terminó los estudios primarios y hace poco decidió escribir sus memorias y enviárselas.

    • En estas mi mamá describía como abusaron de ella con seis años. Me resultó muy chocante, porque no hablaba la “ella” de ahora. Esas descripciones y como lo contaba, me di cuenta de que hablaba una niña. 

Una realidad que para Davianna quedó latente cuando llegó a España. Por ello, se introdujo en colectivos y asociaciones donde se defienden los derechos de las mujeres afrodescendientes como Afroféminas, el 12N o el colectivo Munay. Aunque mantiene un recuerdo templado de ello.

Un murmullo que cobra fuerza y la oprime…

    • La verdad es que muchas veces me sentí muy juzgada. Creo que muchas veces se toman las cosas como muy a la defensiva y no se tiene en cuenta a la persona ni sus propias experiencias.
  • La cultura de la cancelación. 
    •  Creo que es muy importante reconocerse a uno mismo en todos los momentos de su vida porque la persona y su pensamiento va evolucionando. Guardo un video mío donde estoy en una playa de Dominicana y digo de manera completamente despectiva y racista: “todo esto está lleno de negros”. ¡De negros! Solo me tienes que mirar bien para ver el absurdo…

 Davianna, de pelo rizado y moreno como su piel, se señala así misma con los brazos y explica el racismo que hay en su tierra contra los haitianos. “Yo misma he visto ese rechazo. Mi familia es de clase baja, pero aun así teníamos una trabajadora del hogar haitiana. Ella no podía comer con nosotros… mi madre le llegó a pegar porque no hizo bien la comida”.

    • Por eso creo que la cultura de la cancelación hay que cogerla con pinzas, claro que tuve un comportamiento racista y antihaitiano, pero ya no soy esa. Me niego no solo a serlo, sino a que se me encasille ahí porque trabajo constantemente en desaprender y cuestionarme. Estoy abierta al debate, no a la caza de brujas.
  • Y tú, como persona que ha vivido en la República Dominicana y en España, ¿Alguna vez te has sentido entre dos aguas?
    • Sí, sí. De hecho, cuando volví a mi pueblo me pasó algo que me hizo darme cuenta del cambio.
  • ¿Qué pasó?
    • Salí con mi hermana de fiesta y cuando entramos en la discoteca un tipo me agarró del cuello. Y bueno claro yo me sorprendí y me puse a gritarle… pero mi hermana me dijo: “deja el show europeo, aquí no funciona así”. 
  • ¿Y tú qué le dijiste?
    • Cuando volvimos a casa lo hablamos. Ella me dijo: “ese hombre podría haber ido armado o sus amigos podrían habernos perseguido y nosotras estábamos solas”. Y entonces lo comprendí, comprendí que ambas nos defendíamos, pero a nuestra manera. Una manera que depende totalmente de cómo se estructura la cultura.
  • La entendiste.
  •  Creo que en ese momento comprendí que hay mucho paternalismo en querer imponerle a las demás cómo deben defenderse o responder. 
  • Y entre esas Davianna, ¿cuándo aparece la Davi poeta?
    • Yo escribo desde muy pequeña, pero empecé como una manera de venganza. En mi casa, como hermana mayor tenía toda la responsabilidad. Entonces escribía todo aquello que no podía decir a la cara y lo hacía en un lenguaje que no entendieran. Pero digamos que poesía como tal se podría decir que apareció a los 14 años cuando me creé un blog. 
  • ¿Cómo se llamaba?
  • No me acuerdo, tuve varios blogs y muchos pseudónimos. Creo que en el que más tiempo estuve fue en Feila, una página de Facebook que ahora se llama Davianna Candelario y está inactiva.
  • ¿Y sobre qué escribías?
  •    Pues mira, cuando releo esos poemas me encuentro a una adolescente que se quejaba de que en casa la están explotando. No era un “estoy triste porque la adolescencia es jodida”, era un “estoy triste porque para poder salir con mis amigas tengo que limpiar la casa”. Evidentemente no sería lo mismo si fuese un chico…
  • ¿Te reconoces?
  •  Sí. Esas ideas también siguen presentes en mis poemas de hoy en día, sobre todo, cuando dejo que mi niña interior hable. Ya no es una niña, pero es parte de mi voz.

Explosión, después silencio y poesía…

  • ¿Cómo es esa voz?
    • Le escribí un poema, Claustrofobia. Lo cree en mi momento más esquizofrénico, cuando no me reconocía. Siento una voz muy crítica por dentro que constantemente me hace sentir pequeña, que me dice que no valgo.
  • La autoexigencia. 
    • Sí. Considero que es algo de lo que no se habla, el como esta sociedad nos ha hecho sentirnos pequeñas. Las mujeres tenemos miedo a hablar por miedo a quedar como tontas. 
  • “Calladita estas más guapa”.
    • Justamente eso. Es otro tipo de complejo que no tiene que ver con lo físico, sino con lo mental. Con sentirnos inseguras y hacernos de menos. Y creo que es muy importante que se hable de ello, porque nos pasa a muchas. 
  • ¿Cómo termina ese poema?
    • El final dice así: “Hasta que no destruyas el ideal, no engendrarás poesía”. Me estaba hablando a mí una voz muy antigua que me aseguraba que no podía ser hasta que no destruyera lo que habían hecho de mí. 

Profecía claustrofóbica, que se cumple finalmente…

Editoras: Tamara Morte y Alexia Pavón

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