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Periodismo, tecnología e internet: el cóctel de la libertad

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Autor: Jesús Aina

«Si los medios de comunicación son el cuarto poder, habrá que reconocer que ha aparecido un quinto: las redes». Ramón Salaverría, investigador de ciberperiodismo, nos ofrece un repaso general al panorama informativo actual.

El periodismo es el aceite que engrasa el motor de nuestra sociedad. Un reloj que no siempre marca la hora con precisión, y que los periodistas y medios afinan con asiduidad. Conocer los entresijos del periodismo supone un ejercicio de introspección en nuestra mente individual y colectiva. Sin embargo, la profesión se ahoga en una crisis de identidad sin precedentes. La ciudadanía se siente desengañada y la estimación del gremio ha naufragado en la opinión pública. A pesar de ello, su voluntad se mantiene inmutable.

En el marco de On Topic, una serie de encuentros sobre contenidos digitales que se celebran en el Centro de Arte y Tecnología de Zaragoza, ETOPIA; pudimos escuchar y entrevistar el pasado mes de enero a Ramón Salaverría, catedrático de Periodismo en la Universidad de Navarra. Salaverría es uno de los pioneros en la investigación sobre el ciberperiodismo, lo que le permite tener una buena perspectiva sobre los efectos de la simbiosis gradual durante veinticinco años de internet y los medios de comunicación. Asegura que «no vislumbraba» que los medios digitales se convirtieran en «la columna vertebral de los fenómenos de comunicación en general, y de los periodísticos en particular». No obstante, sentencia que la labor del periodismo no ha cambiado: «La esencia sigue siendo la misma: contar información verdadera de actualidad a un público general con el fin de que pueda tomar decisiones en libertad».

La tendencia actual apunta a que los medios de comunicación no logran proyectarse como ese baluarte de la libertad. Uno de los motivos esgrimidos es que el altavoz personal que las redes sociales confieren a los individuos ayuda a construir una realidad que se cree independiente de la influencia del periodismo. Salaverría reniega de este postulado. Apuntala que «gran parte de los asuntos que se discuten públicamente siguen estando pautados por la información que difunden los medios periodísticos en general». Sin embargo, también es cierto que el periodismo ha perdido parte de su influencia social a raíz de la irrupción de estos nuevos actores informativos. «Hay estudios que revelan una caída en el nivel de confianza en los medios, e incluso en el periodismo como institución pública —señala Salaverría—. Pero ya no son los únicos actores, ni tienen el monopolio de la opinión pública. Si son el cuarto poder, habrá que reconocer que ha aparecido un quinto: las redes».

Las redes sociales han reinventado el paradigma informativo en apenas unas décadas. Antes de la masificación de internet, la información se transmitía de manera unidireccional. Los medios de comunicación difundían las noticias y los ciudadanos actuaban como meros receptores. Mostrar disidencias respecto al discurso de los medios suponía un mayor reto. En la actualidad, las redes sociales han facilitado ese ejercicio, lo que a juicio de Salaverría ha propiciado el descenso de la popularidad del periodismo. «Hay algunos factores ambientales, como la existencia de las redes sociales, que producen una fragmentación social y una polarización ideológica que tiende a buscar destinatarios a los que denigrar para reforzar o instituir nuevas fuentes de influencia. Esto es un fenómeno que está siendo utilizado por los nuevos movimientos políticos e ideológicos que están buscando una nueva forma de incidir en la sociedad», afirma.

Ante el alza de la influencia de los actores endémicos de internet, la Unión Europea ha impulsado una serie de directrices para prevenir la mala praxis de las grandes compañías tecnológicas. Precisamente, uno de los puntos que ataca es la opacidad de estas corporaciones y el desconocimiento de sus móviles. Salaverría recuerda que «en un medio periodístico convencional existen unos principios editoriales que determinan los valores que guían su trabajo», mientras que de las big tech «no sabemos cuáles son los valores conforme a los cuales ordenan la información». Como explica Salaverría, la Comisión Europea va a exigir a estas empresas que den acceso a los investigadores a todo su contenido para «escudriñar» sus entrañas.

Aunque todavía resta mucha información que recolectar acerca del funcionamiento interno de estas compañías, ya se han publicado diversos estudios, tal y como señala Salaverría, que sostienen que los algoritmos utilizados por estas corporaciones «están condicionados y no responden a principios igualitarios». Para Salaverría, esta coyuntura propicia «un buen momento para recuperar los valores de un periodismo entendido como servicio social. Como un asunto no sujeto a banderías políticas, sino con un criterio fundamental, que es ofrecer información precisa, actual y completa para poder tomar elecciones en libertad».

Editor: Miguel A. Esteban

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