Las vacunas que llevan décadas esperándose

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Texto: Diego Montanel. Fotografía: iSanidad.                                               

La vacuna contra la covid-19 ha sido todo un éxito de la colaboración entre las farmacéuticas y los estados. Se ha podido lograr en algo menos de un año lo que, normalmente, cuesta más de una década conseguir. Pero la pandemia ha permitido también mostrar una realidad: las vacunas se pueden desarrollar, si hay financiación, a gran velocidad. Todavía hay numerosas enfermedades, con una tasa de mortalidad mayor que la del coronavirus, que no tienen vacuna.

El ébola, según la Organización Mundial de la Salud, tiene una tasa de letalidad de más del 60%. Esta enfermedad se concentra en países del centro y del oeste de África, con brotes esporádicos, que han llegado a diezmar la población de ciertas zonas. El mundo desarrollado se ha mostrado alejado de esta enfermedad, al ser escasos los infectados que llegan a Europa. El debate llegó a las instituciones y las empresas farmacéuticas, pero, al ser brotes ocasionales y en zonas del Tercer Mundo, no se desarrolló ningún tipo de vacuna. Cada año se sigue cobrando la muerte de cientos de personas. Entre 2014 y 2016, fueron cerca de 12.000 fallecidos.

Otro de los virus más letales es el del síndrome respiratorio de Oriente Medio, con una tasa de mortalidad de más del 30%, según la OMS, y que ha afectado desde 2012 a 27 países. También el virus del nipah es otro de los más devastadores, de origen animal y con tasas del 40% al 75% según la asistencia que el paciente reciba. Son brotes intermitentes y no se tiene constancia de ninguno desde 2018. Antes de la pandemia, Moderna anunció en un comunicado que iniciaba pruebas para desarrollar su vacuna, aunque la covid-19 ha pospuesto cualquier otro tipo de investigación.

La fiebre de Marburgo es la enfermedad con una mayor tasa de letalidad, un 88%. De origen animal, no se ha logrado una vacuna con la eficacia necesaria para ser distribuida, tras casi medio siglo de investigación. El último caso data de 2017, aunque el consumo de carne animal en países subdesarrollados podría causar un nuevo brote.

La epidemia ha mostrado la necesidad de desarrollar la investigación de vacunas o tratamientos para hacer frente a otras enfermedades o, incluso, pandemias. En este contexto, varias fundaciones han lanzado ya una campaña para elevar la inversión en ciencia al 2% del PIB, que actualmente supera, por poco, el 1%. El ministro de Ciencia, Pedro Duque, afirmó en una entrevista que “hay que conseguirlo”. Este incremento de la inversión no implicará, necesariamente, el desarrollo de vacunas para las enfermedades expuestas, letales y con riesgo de convertirse en un peligro de salud pública.

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