JAIME GÓMEZ-OBREGÓN: “UN TRÁMITE DIGITAL ES UN DIÁLOGO CON LA CIUDADANÍA Y PROVOCA TRANSICIONES EMOCIONALES”

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Por Tamara Morte

Jaime Gómez-Obregón (Cantabria, 1981), es un ingeniero conocido por su activismo por la transparencia pública y contra la corrupción política. Empezó en el confinamiento con la creación del portal Contratosdecantabria.es, una herramienta para explorar de forma accesible los contratos del Gobierno de Cantabria, cruzando seguidamente los nombres de los adjudicatarios con las listas electorales de candidatos políticos.

Jaime Gómez-Obregón presenta a su mascota, un loro que sabe lo sabe casi todo de las conexiones eméritas y que programa Javascript.
El loro de Jaime Gómez-Obregón es el loro que más sabe de ciencia de datos de Europa (¿quizás del mundo?)

También es conocido por su lucha por la liberación de los datos del Registro Mercantil, y ha sacado los colores a más de una plataforma de la administración pública, como la de la Dirección General de Tráfico. El pasado 3 de junio estuvo en el Centro de Arte y Tecnología Etopia de Zaragoza, dentro del ciclo “On Topic: Periodismo de investigación, inclusivo y con responsabilidad social”, para presentar uno de sus últimos proyectos, ladonacion.es, en el que ha aplicado una metodología de análisis para recoger todos los documentos relacionados con los escándalos recientes de la Casa Real española, en la que deja los datos desnudos del relato del informador para que cada persona saque sus propias conclusiones.

Para todo aquel que no te conozca, cuéntanos a qué te dedicas.

Yo profesionalmente siempre he trabajado con datos, con ciencia de datos y con tecnología, y siempre en el ámbito privado. Cuando estaba en la universidad, me monté por cuenta propia una empresa en la que he estado 17 años trabajando para empresas privadas, para clientes. Lo que hago ahora es aplicar a las bases de datos públicas lo que toda mi vida profesional he aplicado a los datos de mis clientes. Esto en cierto modo es algo innovador, porque no se había hecho antes, o no hay mucha gente haciéndolo.

Jaime Gómez-Obregón ha podido terminar Ladonacion.es gracias al crowdfunding ciudadano que lo ha financiado
Jaime Gómez-Obregón en un momento de la exposición de su trabajo que ha hecho posible Ladonación.es

Cuando trabajas con datos te enamoras de la administración pública, porque es la gran fábrica de datos. Además, también tiene su origen en el hartazgo ante la Administración y los casos de corrupción, porque cuando pierdes la fe y la esperanza en la política y en los partidos para cambiar en las cosas, al final reflexionas sobre si desde fuera se puede hacer algo. Yo entiendo que mi trabajo es tratar de colmar de razones y argumentos a la gente que está en la Administración Pública y tiene voluntad de cambiar las cosas. Y no me importa transgredir, ser un poco gamberro o irreverente con el statu quo: algunos cambios no llegan simplemente pidiéndolos.

¿Cuál ha sido el proyecto que más has disfrutado?

Me gusta mucho lo que hago y me siento muy realizado, porque esto es un reto intelectual para mí y eso me apasiona. Si me pagasen por hacer esto, no lo haría, porque de un reto se convertiría en un trabajo. Por lo tanto, no hay ninguno que me haya gustado más que el otro. En el fondo, está todo conectado con la idea de los datos abiertos y de devolverlos a la ciudadanía que los financia.

¿Cuáles son las mayores dificultades a las que te sueles enfrentar?

Yo diría que las principales dificultades son personales. Por una parte, yo hago todo esto solo. Además, cuando tratas temas públicos, como la contratación, en un ámbito reducido como Cantabria, puedes recibir presiones de todas partes. También está el tema de las redes sociales, que si bien son necesarias para lo que hago porque necesita de esa exposición, te hacen sentir algo abrumado. Lo que me interesa es dar visibilidad a lo que hago, no a quién lo hace. Pero he aprendido demasiado tarde que ambas cosas están enmadejadas y no es tan fácil disociarlas.

¿Qué soluciones podrían darse para mejorar la transparencia en las instituciones públicas?

Sería muy fácil lanzarse al discurso destructivo y criticar a la administración pública, pero creo que hay un punto de desconocimiento sobre cómo funciona y a qué tensiones está sometida.

Captura de pantalla de la web Ladonacion.es
Captura de pantalla de la web Ladonacion.es

Lo díficil, y mi objetivo, es sugerir ideas constructivas de cambios. En mi opinión, lo que hay que hacer es facilitarles la tarea. Creo que es interesante que estas propuestas las hagan personas de fuera que traigan aire fresco a la Administración.

Por poner ejemplos, se podrían liberar los datos del Registro Mercantil, que tiene una importancia capital para que podamos dejar de hablar de casos de corrupción. En los datos de las compras públicas se podrían publicar no solo los adjudicatarios, sino también las empresas que han concurrido y no han resultado adjudicatarias. En el caso de Cantabria se está aportando esta información, pero a nivel estatal no. Y eso es importante para detectar algorítmicamente casos de corrupción de baja intensidad, que son muchos. También ayudaría dar una vuelta entera a la Plataforma de Contratación del Sector Público. Creo que como ciudadanos tenemos que estar atentos, ser más críticos y no subirnos a discursos políticos apasionados. Me parece importante inculcar una cultura de la liberación de los datos públicos, que son valiosísimos y muchas veces están guardados en el cajón de un ministerio o de un ayuntamiento.

Me consta que se están haciendo cambios, pero vamos muy despacio y hay que intentar acelerar esos cambios. ¿Y cómo se hace eso? Desde mi punto de vista, a base de transgredir, evitando los procedimientos estándar y asumiendo riesgos, siempre dentro de la legalidad y de mis posibilidades.

¿De qué manera la ciencia de datos y la cultura de transparencia podría ayudar a que la ciudadanía no sienta desafección ante la Administración? 

Cuando hace quince años hablábamos de digitalización, se mencionaba mucho el tema de la brecha digital. Esta brecha se basaba en que internet llegaba a la ciudad, pero al campo no, y en lugares como Cantabria esto era importante, porque dejabas a gente fuera, y también abría una brecha generacional, en la que se necesitaba ayudar a la gente más mayor. Yo mismo participé en iniciativas de alfabetización digital.

Esa brecha digital ya está casi superada Ahora nos encontramos ante otra brecha, la que separa la experiencia de uso de los servicios digitales privados de los servicios digitales públicos. Es una brecha de la que no se está hablando, ¿y por qué provoca eso desafección? Hay una conexión interesantísima entre cómo la tecnología impacta en las personas y cómo nos provoca transiciones emocionales. Cuando el ciudadano utiliza un servicio digital, está manteniendo un diálogo con la Administración, y si ese diálogo no es satisfactorio, se siente frustrado y acaba aborreciendo a la institución responsable. Y esto no está relacionado con la política de que hablan los periódicos, ni con los partidos. Incluso las compañías más pequeñas cuidan mucho el diseño de las interfaces y la experiencia de usuario, porque entienden que tú estás teniendo una experiencia cuando interactúas con estos servicios.

Entonces, a la hora de crear ese diseño en un servicio digital público, ¿cuál dirías que es el principal problema?

Desde las instituciones se habla mucho del metaverso, de smart cities, de blockchain… y el problema es que lo hacen en términos de innovación, de digitalización. Y en realidad están hablando de marketing de la industria tecnológica. A veces hablo del “mensaje de error erróneo”, en el que de repente te salta un mensaje de error genérico que es imposible de descifrar. Y ahí empieza la frustración. Los diseñadores de servicios digitales y los tecnólogos hablamos lenguajes diferentes, pero es importantísimo que trabajemos juntos, porque los primeros son los que pueden hacer las plataformas ergonómicas. También podemos pensar en el lenguaje, en cómo hay que dirigirse hacia los usuarios. La transición tiene que ser de un lenguaje críptico y administrativo, a un lenguaje en cristiano, pero que trate a la ciudadanía como personas inteligentes.

¿A qué estás dedicando ahora tu tiempo?

Yo me muevo guiado por el reto. Empiezo algo y, cuando veo que soy capaz de resolverlo, a veces pierdo el interés, lo meto en un cajón y paso al reto siguiente. Y eso es un drama, porque no entregas el valor a los demás. Es como quien acomete el esfuerzo de escribir un libro pero no da el último paso, el de enviarlo a publicar. Entonces se pierde ese valor. Ahora tengo culminados dos tercios de un trabajo que me ha llevado seis meses de trabajo. Es similar a lo que hice con la contratación pública de Cantabria, pero llevado a todo el Estado, con más de 30.000 órganos de contratación. Pero quiero acabarlo y publicarlo. Yo creo que es lo mejor que he hecho hasta la fecha, pero me he distraído con otras cosas, como el metaverso o el lenguaje jurídico. Yo esta forma de trabajar algo anárquica, puedo hacerla gracias a mis patronos. Tal y como yo hago mi trabajo, si no consigues articular un modelo económico, no puedes hacer nada. Y conozco casos de organizaciones que están trabajando en temas de transparencia pero que tienen que dedicar gran parte de su tiempo a buscar fuentes de financiación. En mi caso he tenido mucha fortuna.

 

Sección editada por:
Mariola Conde y Elena Bandrés


 

 

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