Entrevista: Ana Estaún
Francisco Rubio Damián es coronel del Ejército de Tierra en situación de retiro y reconocido experto en Seguridad Global y Defensa. Doctor en Sociología, especialista en operaciones especiales y en Estado Mayor, ha ocupado puestos de responsabilidad tanto a nivel nacional como en la OTAN y en la Unión Europea. Es autor de varios libros de referencia en el ámbito de la seguridad y la defensa, entre ellos Modelo de intervención exterior de la Unión Europea (2014), Conceptos básicos de seguridad internacional (2017), La guerra de los robots. Cómo la tecnología está cambiando los conflictos armados (Pregunta, 2021) y Guerra S. A. La privatización de los conflictos armados (Espasa, 2024), Mundo en conflicto (Ediciones USJ), además de numerosos artículos y trabajos académicos sobre seguridad internacional.
En esta entrevista, Rubio reflexiona no solo sobre la tecnología, sino también sobre el nuevo marco geopolítico actual y los desafíos éticos que impone la inteligencia artificial en el ámbito de la defensa, donde –según afirma– llegará el momento en el que las máquinas tendrán la capacidad de decidir sobre la vida o la muerte de seres humanos en combate.
P: Vivimos en un contexto internacional incierto y complejo, ¿en qué nuevo orden mundial nos encontramos?
R: Estamos en un momento de cambio, de transición, de no orden. De desorden. Hemos pasado de un mundo bipolar a un mundo uni-multipolar, a un mundo de competencia entre Estados Unidos y China. China no ha sido tan fiel cumplidora de esas reglas internacionales, pero es que ahora tampoco lo está haciendo Estados Unidos, porque ve que China le va comiendo el terreno. Vamos a un mundo de dos potencias, China y Estados Unidos, donde quizás haya invitadas otras potencias, como podría ser la Unión Europea. Pero para que la Unión Europea se mantenga tienen que cambiar muchas cosas.
“Los robots autónomos con inteligencia artificial van a poder hacer la guerra: esa tecnología existe, no se ha usado, pero la tecnología está, y es inevitable”.
P: En uno de sus últimos libros habla sobre IA en el contexto militar, le planteo un caso; ¿Qué le preocuparía más: una inteligencia artificial tomando decisiones políticas y militares o líderes políticos humanos imprevisibles?
R: Hoy por hoy, confío más en los seres humanos, porque detrás de una inteligencia artificial siempre hay seres humanos que no dan la cara. De personajes como Donald Trump o Putin sabemos qué puesto ocupan y qué responsabilidades tienen, y si pertenecen a una democracia sabemos que hay mecanismos para pedir cuentas. Lo que no se puede pretender es que Estados Unidos vaya a cuidar del mundo: Estados Unidos tiene que cuidar de Estados Unidos. Hasta ahora ha sido un poco el adalid de las democracias occidentales, pero ahora no está tan comprometido con la defensa de las democracias como con la defensa de sus propios intereses. La ideología, que en la Guerra Fría era central, está perdiendo protagonismo frente a los intereses nacionales.
P: En el contexto de la captura de Maduro en Venezuela se habló de operaciones tecnológicas capaces de inutilizar sistemas defensivos. ¿Qué ocurrió realmente?
R: Lo que hicieron fue suprimir toda la estructura de defensa aérea y antiaérea en la zona que iba a ser utilizada para insertarse en territorio venezolano. Todos los países tenemos unos sistemas de defensa capaces de localizar e identificar objetos que vuelan y que pueden ser no amigos, o no identificados. Venezuela tenía esos esos mecanismos y Estados Unidos los anuló totalmente. La operación fue un éxito rotundo gracias a su tecnología superior. Pero hay un matiz importante: conozco bien la fuerza armada bolivariana; tenía medios sofisticados rusos, pero no sabían emplearlos de forma adecuada. Es un ejército que lleva demasiados años siendo una herramienta del poder político, más preocupado por el control interno que por la defensa ante una agresión exterior. La tecnología estadounidense es brutal, pero los sistemas venezolanos no estaban en las mejores manos.
“La tecnología estadounidense es brutal, pero los sistemas venezolanos no estaban en las mejores manos”.
P: ¿La Unión Europea está preparada para proteger su autonomía estratégica en esta nueva carrera tecnológica y militar?
R: Puede ser una gran oportunidad y quizás sea el último tren que pueda coger. El sistema de defensa europeo ha estado basado en capacidades que tenía Estados Unidos desde la Segunda Guerra Mundial. Ahora, la rivalidad principal de Estados Unidos es con China y quiere que Europa se encargue de su propia defensa. Las capacidades estratégicas, incluidas las tecnológicas, las tiene Estados Unidos. El rearme es necesario, pero primero hay que determinar cuáles son las amenazas y qué necesita Europa para tener autonomía estratégica. Y después invertir. Además, esa inversión debería servir para impulsar la tecnología y la economía europeas, no limitarse a comprar fuera lo que necesitamos.
P: Queda claro que la inteligencia artificial ya está presente en el ámbito militar. ¿Estamos preparados para ese salto?
R: La inteligencia artificial es absolutamente transversal y cada vez será más protagonista de nuestras vidas, también en la defensa nacional: en el apoyo a la decisión del comandante, en planes estratégicos, en logística y ya en los combates. La tecnología está, aunque no se haya usado plenamente. El problema es que no estamos preparados para esa supervisión humana en ámbitos donde las decisiones son irreversibles. Estamos tan atónitos con sus capacidades que somos incapaces de llevarle la contraria, y eso puede ser muy grave cuando hablamos de vida o muerte.
“No estamos preparados para la supervisión humana en ámbitos donde las decisiones son irreversibles”.
P: ¿Controlamos la tecnología o la tecnología nos controla?
R: Eso depende de cada persona. Yo creo que no me dejo controlar y la uso todos los días con pensamiento crítico. Pero cuando la empleamos para cosas importantes debemos tener conocimiento experto, porque, si no, puede pasar como en los casos de fiscales y jueces que emplearon datos de una inteligencia artificial que había alucinado.
¿Cree que el Estado podrá garantizar nuestra autonomía y el control en ámbitos sensibles como la Seguridad y la Defensa cuando la IA tenga cada vez más peso en la toma de decisiones?
R: Los robots autónomos con inteligencia artificial van a poder hacer la guerra: esa tecnología existe, no se ha usado, pero la tecnología está, y es inevitable. El problema es que todo tendría que pasar por una supervisión, un control humano, y las personas no estamos aún preparadas para esa supervisión. Estamos tan atónitos con las capacidades de la inteligencia artificial que, en el fondo, somos incapaces de llevarle la contraria: si a mí el GPS me dice que vaya por aquí yo voy por aquí, y luego aparezco en una escalera. Imagínate lo mismo en una máquina que decide sobre la vida o la muerte de una persona en combate.
“Lo que no se puede pretender es que Estados Unidos vaya a cuidar del mundo: Estados Unidos tiene que cuidar de Estados Unidos”.
P: ¿Puede la personalización algorítmica convertirse en una herramienta de control social?
R: La inteligencia artificial aprende y conoce tus gustos. Para música o películas es fenomenal, pero para información puede ser contraproducente, porque nuestro ámbito se va estrechando poco a poco, y te va radicalizando. Solo accedes a contenidos acordes con tus preferencias y pierdes el resto. Y si quien controla esas redes sociales decidiera ajustar la recomendación a un perfil concreto, se convierte en una herramienta de control social impresionante. Incluso más potente que los modelos clásicos de propaganda.
P: ¿Esa personalización algorítmica suple esa percepción de ausencia de relato colectivo? ¿En qué deberíamos creer ahora?
R: Hay que creer en el humanismo, poner en el centro al ser humano. Si ponemos en el centro a las personas, el resto vendrá. La política es una forma de hacer humanismo cuando sigue esos principios. Cuando no, se convierte en otra cosa. Las democracias tienen muchas carencias y compiten con sistemas autocráticos que parecen más eficaces, pero no hemos inventado nada mejor. Una autocracia no casa con la dignidad de las personas, ni con los derechos fundamentales. Cuando las cosas van bien, todos estamos contentos; cuando van mal nos fijamos en los encargados y esos son los políticos. Si la política deja de percibirse como un servicio a la sociedad y pasa a verse como una forma de ganarse la vida, ahí está fallando algo. La política tiene que ser un servicio. Cuando no hay vocación de servicio aparece la desafección.
“Las democracias tienen muchas carencias y compiten con sistemas autocráticos que parecen más eficaces, pero no hemos inventado nada mejor”.
P: ¿Existe un problema de relevo generacional en el ámbito militar?
R: La juventud militar es tan tecnológica como cualquier otro sector de la juventud española y tiene una formación técnica de muy alto nivel. La formación es muy buena y acorde con un país moderno. El problema no es de formación, sino de dimensión. Tenemos muy buenos bomberos, pero como haya dos incendios a la vez solamente podemos apagar uno. Hace falta invertir en tecnología, infraestructura, material y personal para adecuarse al contexto actual.
P: ¿Ha comenzado ya una tercera guerra mundial en forma híbrida o tecnológica?
R: Si la paz fuese lo blanco y la guerra a cañonazos fuera lo negro, a la parte intermedia le llamaríamos “zona gris”: el ecosistema de la llamada guerra híbrida. Esa guerra hecha con ataques cibernéticos, con manipulación social, “pasa un barco ruso, arrastra el ancla y rompe un cable submarino europeo”. Hay países que la ejecutan de forma más descarada, pero no es una guerra cinética, no es una guerra de bombas. También hacen uso de acciones terroristas, de fomento del narcotráfico en otros países: todas esa manera de debilitar al enemigo o al adversario sin necesidad de declarar la guerra y lanzar misiles.


