Andrés Suárez: «Precisamente dejo la música para hacer música»

on

Entrevista realizada por Jara Sacristán.

Editoras: Mariola Conde y Elena Bandrés

Andrés Suárez es un cantautor español, nacido en Ferrol, Galicia. En 2021, lanzó la reedición de su último disco también llamado «Andrés Suárez» ,con el que ha realizado una inmensidad de conciertos por toda España, siendo Zaragoza, el broche final de su gira. Actuó el sábado 29 de enero en el Teatro de las Esquinas y colgó el cartel de completo. El compositor gallego tiene una trayectoria de más de 20 años de carrera y cuenta con colaboraciones de la talla de Pablo Milanés, Edurne, Beret…También ha publicado varios libros como «Más allá de mis canciones», (2017) o «A través de los ojos», (2021). Hace poco anunció por redes sociales que se retiraba durante una temporada de los escenarios. Hablamos con él para hacer un repaso por su gran trayectoria musical y para preguntarle por su reciente decisión.

 Llevas dedicándote a la música más de veinte años. Ahora estás terminando una gira impresionante. Has sacado tu último disco este año, pero también te tocó tocar en los bares, en el metro, en la calle…En alguna entrevista has citado a Ruibal, (cantautor y arreglista español) ¿quién no da la vida por un sueño? Pero ¿y si no te hubiese ido bien?, ¿soñar es perder el tiempo? o ¿debemos perseguir nuestros sueños?

Como buen gallego te contesto con una pregunta. Cuando entrevistes a gallegos acostúmbrate a eso. Es un mal vicio. Te diría, ¿qué es triunfar? Si no llegase a tener éxito, ¿te refieres? Qué más éxito hay que vivir de hacer una canción, que poder pagar una factura. Creo que desde los años 60, en nuestro país, la palabra artista evoca y conlleva un concepto, a mi modo de ver, a ratos casi nocivo. Parece que hablamos de un modo de vida, de una superioridad, una tarima y un foco encima cuando yo realmente, creo que la fortuna, el éxito, los millones, son los de poder pagar el recibo de agua. El descapotable es poder levantarte por la mañana y hacer un verso de una canción. Eso es el éxito y cierto es, que por suerte, me escuchan muchas personas, he vendido muchos discos, viene mucha gente a verme a los conciertos, más que antes en Zaragoza o en otro sitio cuando éramos solamente tres, y yo encantado, pero el éxito ya lo tengo. El éxito es poder levantarme por la mañana con esta pasión e intensidad que tengo por mi trabajo. Amo lo que hago. ¿Si no me fuera tan bien? Seguiría con el éxito de cantar para cinco. El problema de esta profesión viene cuando alguien piensa que cantar para tres es un fracaso. ¿Sabes lo que es meter a tres personas, a cinco, siete, a seis personas en un bar para que vayan a verte? Son seis personas, eh. Hay que llevarlas y te lo digo por experiencia porque durante muchos años o meses canté para nadie. Me corrijo, para los camareros o el dueño del bar y no entraba nadie. Entonces, si no me fuera tan bien, seguiría persiguiendo el sueño, es decir, el éxito de pagar una factura con mi que hacer.

Desde que empezaste en la música has estado acompañado por grandes artistas como Ruibal, Tonxu, Pablo Milanés, ¿cuál es el mejor consejo que te han dado?

Son gigantes de verdad, ya has citado a alguno y podré citar a algún otro más. Son historia de la canción y yo como cantautor lo que persigo es la canción y he tenido el privilegio, el honor, de conocer a gigantes, a maestros de maestros. Los grandes genios no venden, no presumen de nada, no exhiben nada porque no lo necesitan. Lo que aprendí de ellos es la supremacía de la humildad sin que me la hayan impartido. Es decir, venía implícita. Un tío como Serrat, como Pablo Milanés, Sabina, Victor Manuel o Ana Belén(…) A mí, me ayudaron a cambio de nada. Aute, mi amigo Aute. Me ayudaron a cambio de nada. No hay ningún interés económico, profesional, más que mira, pues sabes qué, te voy a echar una mano, chaval. Yo me quedo con eso. Consejos no me vendieron ninguno pero me enseñaron tanto…

¿Es también la mayor lección que has aprendido?

 Sin duda alguna. La humildad. Todos los gigantes que he conocido lo son dentro y fuera del escenario. Ojalá, el día de mañana si dentro de cuarenta años de carrera, que se dice muy pronto, me va sumamente bien como a los maestros, ojalá yo pueda ayudar a alguien que empieza como yo. Ojalá tenga buena memoria y me acuerde de la gente que me ayudó hace muchos años.

Tu último disco es homónimo, se llama como tú, Andrés Suárez. Según he interpretado al escucharlo es el más personal que has publicado hasta ahora. Todo el que te escuche entenderá que compones desde la transparencia y verdad, contando muchas veces historias propias, ¿escribir te ayuda a sanar tus heridas?, ¿a afrontar tus problemas?

 

Yo creo que a ti te pasará parecido porque amas la palabra como yo. Los periodistas que conozco, escritores, poetas, creadores, hacedores de historias (…) Creo que es la droga más poderosa que hemos conocido: La palabra.  Sea narrada, leída, escrita, cantada, rapeada… No hay una droga como esa. No se parece a ningún químico. No hay ninguna fórmula que supere a la obsesión que tenemos por la palabra. Esto de levantarte y tener la inmensidad de un folio en blanco. Entonces yo, ahora que se habla tanto de salud mental, benditos sean los profesionales que nos ayudan y la gente que se atreve a dar un paso y pedir ayuda, veo que jugamos con ventaja los que pedimos ayuda a un folio en blanco. Los que somos capaces de descargar amor, ira, rabia, por qué no decirlo. Hay canciones que sientan muy bien, la ira, la melancolía, la rabia. Hay grandes canciones en la historia de la música que están llenas de odio. Pero ojo, ese odio, se queda en el papel.  Tú continúas luego con tu vida, eso es maravilloso.

Y luego, ¿no resulta complicado salir al escenario y cantar esas canciones que precisamente hablan de ti?

Sí, duele o a veces cosquillea porque es la memoria de un momento. Es una historia compartida. Es decir, he contado el Alzheimer de mi abuelo, y estoy entrando en su vida. Estoy publicando sus memorias de algún modo o en «Calella» o en «Nina» (canciones de su último álbum) o de un desamor que todavía dura. Estoy entrando en la intimidad de la otra persona pero esa es la ventaja o desventaja que tenemos los que publicamos. Es decir, cuentas una parte. Me parece grandioso, maravilloso. La idea del gran Benjamín Prado, (poeta, novelista español) cuando dijo: Vamos a darle la vuelta a la historia de Joaquín Sabina. Aquella obra maestra que es «19 días y 500 noches». De repente se sienta con Travis Birds (cantautora española) , y le da la vuelta y dice: Oye mira, ni yo tenía la falda tan corta, ni la lengua tan larga, eras tú el «cabronazo» que llegaba tarde (…) Eso es maravilloso, el poder defenderse de la historias que nos publican. Al final nosotros podemos ruborizarnos contando una historia pero ojo, contamos nuestra parte de verdad. Falta otra.

De tus anteriores discos, la canción que más me atrapa es “No saben de ti” y en la letra dices: «Háblale de mí, a otro como yo», pero luego, en tu último disco, aparece la canción «El cantante», «Y no le hables nunca del cantante», dices. ¿Hay relación entre esas dos canciones ? Como en las películas, libros, ¿hay también segundas partes?

Es una gran lectura que nunca me habían hecho. Me dejas un poco impresionado con esa suerte. Tengo que hacerme un estudio. Me parece brutal el psicoanálisis porque creo que las canciones, ya bromas aparte, creo que se llaman entre sí, es decir, yo no puedo hacer una canción y al año siguiente hacer una canción que no se llame, que no tenga que ver, que no resuene en la otra porque sigo siendo yo. Otra cosa es que conozca otro idioma, que haya probado otro vino, otra piel, haya leído más, haya visto más cine, más teatro. Soy yo amplificado pero sigo siendo yo. Entonces seguramente tenga que ver, seguramente sí y lo digo en serio. En el caso de «No saben de ti», es una historia desangelada de amor, de que no puedo estar contento como quería mi público. La gente quería canciones alegres y yo estaba pasando por aquello que decían, depresión de un amor no correspondido. En el caso de «El cantante», es más bien al revés. No es más que la historia de un tío que ve la fotografía de alguien que ama en redes sociales y dice: Mira, tienes una hija hermosa, no le hables nunca de nuestra historia, casi prohibida.

Si tuvieras que escoger una canción de tu nuevo álbum, ¿con cuál te quedarías?

No podría quedarme con una canción porque te estoy contando en dos minutos fragmentos de mi pasado, en lugares sagrados de mi memoria. Gente maravillosa sobre todo que se me cruzó en el camino. Ahora me apetece mucho hablar de la gente «cojonuda» que me he cruzado. Vivimos en días tan jodidos con esto del COVID,  y se habla poco de vuestra labor. La prensa, los periodistas, tenéis que hablar del infierno. ¿Qué es el 20 de marzo de 2020? El infierno. Lo podemos suavizar pero estamos viviendo el infierno. El ERTE, el ERE, la muerte, las despedidas, los contagios. «Ostia, macho», no podemos más. Si me das a elegir, te diría cualquiera de mis canciones que son más bien alegres, más bien jocosas, eróticas, festivas.  Antes que quedarnos con lo depresivo, ahora mismo, que creo que nos sobra a todos.

Estás a punto de acabar tu gira, ¿qué es lo que se te pasa por la cabeza antes de salir al escenario?, ¿y cuando se apagan los focos?

Es una sensación muy dura, la describo en el segundo libro que escribí que se llama «A través de los ojos»,  en el que por ejemplo,  tomo prestada la mirada, elementos, entes, personas, años, objetos que me rodean(…) Por ejemplo, el camerino que diría, de ese tipo que llora desangelado después de un concierto delante de miles de personas. Una cosa es el cantante y otra la persona. Uno el artista, y otro el apellido que se queda en un chaval de aldea a mucha honra. Yo antes de salir lo que siento es obviamente la mayor felicidad de poder dedicarme a lo que amo y muchos nervios, presión, responsabilidad…Corren tiempos muy difíciles, donde la gente paga una entrada, deja a sus hijos con un canguro, o pilla un hotel, o regala una entrada por un cumpleaños o por navidad(…) Tienes que estar a la altura de todo ese cariño.  Quedan creo que 20 entradas para que se agote el último concierto de la gira, que es en Zaragoza. Eso es «acojonante». Tú tienes que estar a la altura de la gente que ha pagado una pasta,  ya sea en su viaje, en su avión, en su cena de antes o de después, porque es una cultura segura, todo lo que rodea un concierto y que apuesta por ti esas horas. Esa gente podría estar en el cine, en el teatro, en su casa de botellón o bailando en la playa pero está viéndote a ti. Entonces, eso es una responsabilidad «acojonante». ¿Después qué queda ? Después queda el vacío, el silencio. Después no queda nada. Queda una persona físicamente derrotada, con esta intensidad que tengo de dejarlo todo en el escenario, en la piel, la garganta y la espalda y queda, el silencio. Es paradójico y doloroso a ratos. El sentir cientos o miles de aplausos, durante dos horas y luego sentir el ruido de los electrodomésticos de una habitación de hotel, el silencio del camerino. Estremecedor. En esa suerte me debato, entre cantante o chaval de aldea.

¿Es eso lo que menos te gusta de tu trabajo?

No, sinceramente, claro que me gusta todo. Lo que estamos haciendo ahora es charlar, no me parece trabajo, me parece un placer. Viajar. Ahora me voy a Tenerife en dos días. Casi no quedan entradas. Te subes a un avión, ves una playa. «Joder», si eso es trabajo… Es un «puto» placer, con perdón. Es una maravilla, es un privilegio. Hay gente que se levanta por la mañana y no tiene trabajo o trabaja en algo que no le gusta. Yo amo mi trabajo, ¿qué tiene de malo? Por decirte algo, que cuando empiezas a trabajar de manera fuerte y de repente el mundo se para. El año pasado, (2020) terminaron las grandes giras, los viajes. También, cuando la cosa se pone muy seria, dejas de ver a tu familia en un año y medio o dos en una gira. Dejas de ver a tus amigos, dejas de estar.  Antes yo recuerdo que me iba tres meses a Latinoamérica o dos. «Hostia», cuando estás a doce horas de avión de tu casa, durante meses, duele, pesa. Parece que todo es maravilloso pero no. Estás en un hotel, estás en una radio, en un concierto y no sabes si están bien tú madre, tu padre, tu pareja(…) Estás lejos de lo tuyos porque no paras de moverte pero bueno, algo malo tendrá que tener.

Hace poco subiste un vídeo a las redes anunciando que te retirabas temporalmente de los escenarios, ¿necesitas tiempo para ti? Para vivir nuevas experiencias, que quizás, puedan convertirse en el próximo disco.

Precisamente dejo la música para hacer música. Es decir, cuando hacía discos «Cuando vuelva la marea», «Maneras de romper una ola», «Moraima» (…) Yo tenía 25 años, 22, 20. Yo a esa edad no dormía, tenía ganas de vivir, curiosidad. O sea, yo no podía tumbarme diez horas y perderme la vida. Esa era mi intensidad. Entonces, yo, ¿qué hacía? Viajaba, hacía una canción en el avión, iba, volvía… Mi vida fue una suprema intensidad, y muy divertida y donde lo pasé genial. Ahora tengo casi cuarenta, y resulta que ya no me apetece escribir en un tren de vuelta, en un bar a una hora prohibida donde están los poetas malditos y se trasnocha con mucho humo y mucho alcohol. Ahí se habla de canciones eternas, eso es una estupidez. Es decir, las canciones están en un paseo matinal con tu perro donde te encuentras con alguien que te dice una frase magistral, en un titular de prensa, en el mercado, donde una tendera te dice una frase y mira a un hombre casado. Estamos rodeados de canciones, entonces,  yo tengo que dejarlo obviamente, inexorablemente, dándole las gracias a mi oficina de management que me ha cerrado cien conciertos en año y medio, que se dice muy pronto. Es una suprema barbaridad, es una aberración. Ha sido maravilloso, pero yo no puedo estar ahora mismo viajando cuatro días por semana o tres y hacerte una canción porque necesito parar, volver. Desenfundar la guitarra en el estudio. Dormir más de ocho horas seguidas y decir: Vale, ahora voy a hablar sobre esto. Así que yo creo que paro porque creo que no ha estado nada mal hacer 100 conciertos en casi dos años. Ha sido maravilloso. Ha sido un premio. Yo lo necesitaba. Fue una evasión de esta realidad tan fastidiada que nos ha tocado.  Pero yo tengo que estar en Moraima, que es mi estudio de grabación, en mi casa. Donde voy a estar con músicos, con compañeros, escribiendo, tocando el piano, tocando la guitarra volviendo a coger inspiración.

Editoras de EntreVips: Mariola Conde y Elena Bandrés

Comparte
Etiquetas

Últimas publicaciones

Mas como esto