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Un pueblo que para mí significa infancia, casa, hogar…

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Autora y fotografías: Lucia Bernal Ainsa

Edición: Patricia Gascón

Espuéndolas, una pequeña localidad del municipio de Jaca a los pies del Pirineo Aragonés. Un pueblo que para mí significa infancia, casa, hogar. Un pueblo que ahora, en 2025, cuenta con menos de 20 habitantes. La despoblación está llegando; cada vez son más las personas que eligen pueblos más grandes. Incluso ciudades para formar sus familias.

El pueblo respira ahora un silencio que antes no conocía. Las ventanas que un día estuvieron abiertas a la vida hoy miran al vacío, como si aguardaran el regreso de voces que ya no suenan. Cada rincón conserva la huella de lo que un día fue, pero que hoy ya no es. La despoblación no solo vacía las casas, sino que también estremece corazones. No obstante, los recuerdos priman en nuestra consciencia y la nostalgia se convierte en un puente que une el presente con aquel tiempo en el que el pueblo estaba lleno de historias, de manos que trabajaban en la tierra y de familias.

Que formaban su vida ahí. Con este fotorreportaje quiero mostrar lo que permanece y, por el contrario, lo que se ha ido. Muestra las huellas de lo que un día fue el pueblo, pero que ahora tan solo son piedras amontonadas y hierbas entramadas. Muestra el contraste entre la belleza quieta de lo que resiste y la melancolía de lo que se desvanece. Son imágenes que nos recuerdan que, aunque el tiempo avance y la gente parta hacia otros sitios, los pueblos guardan un alma que nunca termina de marcharse.

En Espuéndolas, el silencio tiene un peso distinto. Un eco antiguo que se enreda entre los muros de piedra y las laderas del Pirineo. Solo hace falta caminar por sus casas semidormidas para escuchar, como un susurro, la vida que un día animó estas calles. La despoblación se hace notar ya en esta localidad del municipio de Jaca, pero la belleza esencial que habita aquí es algo que nunca se va a borrar. En cada tejado hundido late una historia; en cada puerta sin paso, un recuerdo. La luz que cae sobre el valle sigue dibujando la misma armonía que contemplaron. Quienes vivieron aquí antes, y las montañas abrazan al pueblo como si custodiasen un tesoro frágil pero vivo. Este fotoreportaje recorre Espuéndolas sin prisa, dejando que la nostalgia emerja como un aroma familiar. Invita a mirar más allá de lo que ya no está, para descubrir la quietud hermosa que permanece. Porque en estos pueblos donde el tiempo se ha detenido, todavía brilla algo profundo: la certeza de que la belleza resiste, incluso cuando las voces se han vuelto recuerdo.

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