“Un periodista tiene que ser profesional, no sobrecogerse”

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Al pensar en el periodismo, la mayoría de las personas pueden imaginar que se trata de un oficio simple. Sin embargo, en lo que no reflexionan es que esta profesión viaja mucho más allá de lo primariamente pensado. ¿Alguna vez te has parado a pensar en lo que es ser reportero de guerra? Cada día escuchamos hablar sobre alguna guerra porque son los periodistas quienes se han acercado hasta esas historias. Son ellos quienes intentan con trascendencia, que el mensaje llegue hasta la sociedad. Aún con todo, es fácil juzgar y hablar sin conocer todo lo que hay detrás.

Hace unos días uno de los podcasts más escuchados de la actualidad, The Wild Proyect, dirigido por el famoso youtuber Jordi Wild, tuvo como protagonista a uno de esos reporteros que tienen tanto que contar. David Jiménez, exdirector de El Mundo, es un periodista que no se esconde tras las sombras, sino que las alumbra.

Durante la entrevista, David Jiménez tocó diversos temas, enfocándose en su paso como director de El Mundo y corresponsal de guerra. Todo esto nos ofrece la herramienta perfecta para crear un amplio abanico de lo que realmente es esta maravillosa, aunque mancillada profesión.

Jiménez comenzó como becario en la redacción de El Mundo, pero pronto descubrió que su verdadera vocación era viajar a aquellos lugares a los que solo con la imaginación, no se puede llegar. “Siempre he sentido que todo mi ser estaba asociado al reporterismo de guerra”.

El exdirector de El Mundo detallaba lo que implica ser reportero de guerra con algunas afirmaciones: “Me he metido en una profesión donde me pueden matar”. En muchas ocasiones se normaliza lo que pueden llegar a ver los reporteros en la guerra; pero ¿cómo normalizar una situación que nunca será normal? El estrés postraumático y el sentimiento apático que puede llegar a sentirse es muy peligroso. “Hay personas que necesitan estar en continuo conflicto”, ha explicado. Esto puede suceder con aquellas que vuelven a su casa y esta se encuentra vacía. No son capaces de aterrizar de nuevo en la realidad y eso es algo muy duro de sobrellevar. En los grandes medios ya hay equipos psicológicos preparados para esta clase de estados, pero en España todavía no.

Para trabajar en este oficio debes tener una sensibilidad especial. Solo una persona que ha estado cerca de la muerte puede llegar a explicar ese sentimiento. La explosión de Fukushima implicó que grandes reporteros abandonaran el lugar al no soportar la incertidumbre de no ver que ocurría: la radiación. “Tuve una sensación de que la vida había terminado»: David Jiménez fue la única persona en quedarse durante un tiempo en aquella central.

Mi miedo real comenzó en Afganistán, donde había emboscadas y mataron a mi compañero Julio Fuentes”. Jiménez había tenido a su primer hijo, lo que hizo que fuera consciente del verdadero riesgo como nunca lo había hecho. “No es lo que me pueda pasar a mí, es la putada que haces a la gente que dejas detrás.”

Aunque sólo quien vive tales coyunturas puede saber realmente qué es, El corresponsal, libro de David Jiménez, puede ser la vía que nos ayude a profundizar en ellas. Basado en su propia experiencia, se narran las atrocidades del régimen birmano y las muertes que implicaron. Una obra de homenaje a los corresponsales fallecidos.

El periodismo se ha convertido, en muchas ocasiones, en algo banal que hace difícil empatizar con los reporteros que están a miles de kilómetros pero nosotros también debemos de comprender el sentimiento atroz que en esos lugares se vive y que siempre permanecerá en su interior.

La guerra es el lugar donde el código deontológico del periodista no para de temblar: ¿merece la pena seguir, retroceder, ayudar al herido? Nosotros desde aquí observamos y redactamos, pero como dijo Ángel Sastre, reportero de guerra que estuvo en Siria secuestrado diez meses: “Ninguna crónica relatará el sufrimiento causado”.

Autora: Nazaret Parrilla (@naaazzaa)

Imagen: The Wild Project – entrevista a David Jiménez

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