El Archivo de la Universidad de Zaragoza muestra su riguroso legado documental sobre el movimiento estudiantil entre 1939 y 1975, especialmente en el tardofranquismo, con motivo del cincuenta aniversario de la muerte del dictador Franco. “Entre el Silencio y la Protesta« es una iniciativa que busca por un lado documentar y recuperar la memoria y, por otro, hacer accesible la documentación que el Archivo Universitario conserva sobre la intensa actividad y resistencia de los estudiantes de la Universidad de Zaragoza durante los años del franquismo.

Impresiona la naturalidad con la que aceptamos que una parte de la juventud española está a un paso de que se le salten los fusibles, y, sin embargo, el mensaje dominante insiste en la romantización del dolor contemporáneo. Aferrarnos a esa idea sería una narrativa reduccionista, y, posiblemente sea una realidad que necesita ser expresada de otra manera. Si no entendemos el mundo que hemos creado, difícilmente podremos entender si la protesta moderna es suficiente.
En la historia de los movimientos sociales ha predominado la juventud como motor de cambio, –no siendo como actor único– y, desde luego, la supuesta inacción contemporánea de la que tanto se habla no es, en realidad, una anomalía nueva, ya fue anunciada por antiguos pensadores como Sócrates o Platón y teorizada siglos después por Elisabeth Noelle-Neumann en su espiral del silencio. Lo paradójico es que esa espiral, lejos de contraerse, parece ensancharse a medida que crecen la sociedad moderna, la opinión pública y la insaciable diversidad de canales para comunicarnos. Mientras se siga estirando cada vez más, en esa avorígen de espiral llena de palabras, IA, Fake News, algoritmos, etc., las verdades que antes tenían peso han pasado a ser verdades cuestionadas y mal contadas o distorsionadas, guiadas, como diría Jorge Rodríguez, profesor del Grado de Periodismo, por el “Dios SEO” y unos cuantos dictadores modernos.
La exposición que ha ofrecido el Archivo de la Universidad, “Entre el silencio y la protesta”, llega a la Facultad de Filosofía y Letras; además de por el cincuenta aniversario de la muerte de Franco, lo hace como recuerdo y llamada a la acción en un momento definido por la silenciosa post verdad, siendo un momento especialmente convulso y sumido en el auge de los populismos, nacionalismos y la extrema derecha, pero, especialmente, para recordarnos lo que se luchó contra ello. Esta rigurosa exposición nos muestra un recorrido muy preciso de lo que la juventud española, los alumnos y la universidad como institución vivieron durante una época en la que el SEO de Google actual poco tenía que hacer frente al generalísimo y su dictadura.
Durante décadas, el movimiento estudiantil se ha leído como un estallido juvenil, casi impulsivo, como único movimiento antifranquista, cuando en realidad fue —como señalaron autores como Bourdieu y Passeron— una forma específica de poder. Un poder surgido de una juventud que ya no se reconocía en los valores heredados y que empezó a disputar no solo el control político, sino también en lo cultural. En España, esa transformación adoptó una forma particular. Bajo el franquismo, la universidad se convirtió en uno de los pocos espacios donde algunos podrían organizarse.
La prensa aragonesa de aquellos años dejó un rastro muy nítido del clima político dentro del campus. En enero de 1975, Aragón Exprés abría con titulares como “Pintadas y octavillas en la Universidad” (10/01/1975), denunciando la aparición de cartas clandestinas y murales críticos contra el nuevo convenio del metal, prueba de una protesta que ya trascendía lo académico. Un mes después, el tono se endurecía. El 19 de febrero de 1975, El Noticiero calificaba como “Atentado en la Universidad” un ataque con “dos cócteles molotov’ contra el Rectorado”, una imagen que hoy nos sorprende, pero que entonces formaba parte de lo habitual entre estudiantado y autoridades. En paralelo, Amanecer narraba la agitación diaria en las facultades. El 6 de marzo de 1975, los periódicos recogían un campus paralizado bajo titulares como “Paro casi total”, mientras que el 2 de mayo de 1975 se informaba de la liberación de varios detenidos con el titular “Cinco de los detenidos el pasado lunes, en libertad”, recordatorio del nivel de represión.

Además de estos recortes de prensa de la época, tambien hay documentos realmente interesantes y reveladores como una invitación oficial fechada el 18 de abril de 1939, enviada por el jefe local del Partido Nacionalista Alemán al rector de la Universidad de Zaragoza. Esto refleja la normalización del nazismo en la Zaragoza de 1939 y el papel de la Universidad como institución alineada con el poder.

Y lo que verdaderamente ofrece una conmemoración es el nacimiento de la revista universitaria y las publicaciones clandestinas como “Organicémonos”, editadas por los Comités de Estudiantes Revolucionarios de Zaragoza, que llamaban abiertamente a la movilización y articulaban una universidad entendida como espacio de libertad.

Albert Camus reflexiona en El hombre rebelde (1951) que “la libertad no es más que la oportunidad de ser mejor”. Sin embargo, el problema no es que no tengamos voz, sino que permitimos que otros la manipulen. Por tanto, la desafección política e institucional no es un capricho de la juventud sino que es un síntoma de que las instituciones han dejado de hablar un lenguaje que entendamos. La exposición Entre el silencio y la protesta no solo recupera esa memoria, sino que la pone en diálogo con nuestro tiempo. Visitarla es entender que la protesta no es una moda, sino una constante que adopta distintas formas según el contexto.
También, nos recuerda que la universidad, siempre seguirá siendo esa oportunidad de ser mejor.
EDITORAS: MARIOLA CONDE y ELENA BANDRÉS



