Autora: Violeta Gutiérrez Sánchez
El mundo audiovisual de los últimos años parece ser la era de oro para los amantes de la esencia gótica. El año pasado se estrenó un remake de Nosferatu y, recientemente, Drácula también tiene su versión actualizada. En medio de este cine oscuro, tras 30 años de preparación, Guillermo del Toro ha lanzado en octubre de este año una adaptación cinematográfica de Frankenstein.

Mary Shelley ya contó la historia de aquel joven Dr. Frankenstein, arrogante y obsesivo, que dio vida a un monstruo y tampoco es la primera vez que se ha llevado Frankenstein a la pantalla. Sin embargo, lo que convierte a esta versión en algo especial es como, respetando el relato original, Del Toro ha cambiado algunas cuestiones para contar su propia historia, como si se tratase de un “fan film”. De esta forma, aunque hayamos perdido a un personaje esencial en el libro como Henry Clerval, hemos podido disfrutar de un mayor protagonismo de Elizabeth Lavenza, quien ahora es una pieza esencial en la historia.
Además, este cambio nos ha permitido centrarnos en la psicología de tres personajes principales y no dudaréis en ver muchos paralelismos entre ellos. Por un lado, Víctor Frankenstein, interpretado por Oscar Isaac, un doctor con la gran meta de superar a su padre en medicina. Anclado en el pasado, trata de resolver sus traumas de la infancia a través de la ciencia, obsesionado enfermizamente por devolverle la vida a los muertos. Por otro lado, la criatura, interpretada por Jacob Elordi, es el “monstruo” que ha creado Frankenstein, delicado emocionalmente y repudiado por el mundo debido a su condición. La soledad le hará odiarse a sí mismo, culpando a su creador por haberle dado una vida que no deseaba. El nexo entre estos personajes es Elizabeth, interpretada por Mia Goth, una persona muy espiritual quien, como mujer, conoce lo que supone la exclusión social y desarrolla una profunda empatía por la criatura.
Como es común en las películas de Guillermo Del Toro, la estética es muy oscura y gótica, un recurso que le permite destacar ciertos colores y asociarlos a cada personaje o emoción. Los planos confieren sensación de amplitud y sumergen al público en la escena, como si hubiese lugar para el espectador en la pantalla. También ha reproducido planos de otras de sus películas: por ejemplo, cuando llegan al castillo donde Víctor realiza su gran experimento es un paralelismo con la mansión de “La Cumbre Escarlata” (2015).
Otro protagonista simbólico en esta película es la moda, ofreciendo un vestuario espectacular que caracteriza a la perfección a cada personaje. También presenta simbolismos muy unidos al arte. Este recurso hace que esta película sea un juego de “busca y encuentra referencias” para los amantes del arte, donde podemos apreciar a Elizabeth y a la Criatura en personajes de “La Creación de Adán” de Miguel Ángel, el desordenado cuaderno de Víctor como “Códice dell’anatomia” de Da Vinci o un relieve de “Medusa” parecido al de Caravaggio en las paredes del castillo de Frankenstein.

La película concluye con una frase de Lord Byron: “y así el corazón se romperá, pero vivirá roto”. Con este verso, Del Toro cierra la trágica historia de Frankenstein con un poderoso mensaje: perdonar, olvidar y avanzar es imprescindible para poder continuar con tu vida sin arrastrar tanto dolor.


