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“Noticia por ser mujer y no por ser científica”

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La científica Margarita Salas Falgueras siempre ha sido la excepción que confirma la regla. Es difícil encontrar en la vida de esta científica un aspecto donde no haya sido pionera. De las primeras mujeres en licenciarse en Química en la universidad y la primera que se dedicó a la investigación científica en la década de 1960.

En las conferencias que dicta en las diferentes universidades españolas relata cómo, cuando empezó su tesis doctoral en bioquímica, a la mujer no se la consideraba apta para la investigación. Severo Ochoa era de los pocos científicos, aparte de su marido Eladio Viñuela, que sí creyó desde el primer momento que ella era capaz de igualar o superar a otros tantos hombres dedicados a la investigación.

“Severo Ochoa me trataba como persona, independientemente de que fuese mujer”, cuenta. Gracias a su recomendación pudo hacer su tesis doctoral bajo la dirección  de Alberto Sols. Él, años más tarde, cuando Margarita Salas recogía el premio Severo Ochoa de investigación, reconoció sus prejuicios: “Cuando Margarita vino a pedirme hacer la tesis doctoral, pensé, bah, una chica. Le voy a dar algo que no sea importante porque si no sale adelante, no importa”.

Tras terminar el doctorado, se fue a Nueva York en 1963 con su marido, a quien conoció haciendo la tesis y de quien ella sólo habla maravillas; era un pilar fundamental en su vida y siempre se apoyaban el uno al otro. Una vez allí, Ochoa les hizo trabajar en distintos grupos de trabajo con su ya famosa frase: "Si no aprendéis otra cosa, al menos hablaréis inglés".

En 1967 regresaron a España. Sabiendo que aquí ella era un cero a la izquierda para otros colegas científicos si estaba su marido, decidieron trabajar en  diferentes investigaciones. Él se dedicó al estudio del virus de la peste porcina africana, que era un problema notable en Extremadura, donde nació. Ella continuó con la investigación sobre biología molecular para demostrar era capaz de salir adelante por sí misma y dejar de ser conocida como “la mujer de Eladio”.

Sin embargo, a pesar de recibir numerosos premios por sus aportaciones al mundo de la ciencia, Margarita Salas relata cómo la mayoría de esos reconocimientos eran importantes para los medios porque ella era una mujer. De modo que aunque a otros científicos se les premiara de igual manera, los medios sólo le prestaban atención a ella, que pasó a ser “noticia por ser mujer y no por ser científica”.

Hoy en día, sigue trabajando a sus 78 años. Ocupa un puesto en la Real Academia Española de Ciencias y es profesora Ad honorem en el Centro de Biología Molecular Severo Ochoa, centro de investigación mixto del CSIC y de la Universidad Autónoma de Madrid. Afirma que siendo “sólo” eso “te sientes como si no eres demasiado persona”, así que es la investigadora  principal en su proyecto, algo en lo que también ha sido pionera. Junto con Rocío Fernández Ballesteros, entre otros, han conseguido que siendo ad honorem o emérito, no sólo puedas formar parte de un equipo de investigación sino que puedas liderarlo.

A pesar de que la sociedad le siga tratando cómo “mujer investigadora” y no cómo “investigadora”, y de que a las mujeres nos quede un largo camino por recorrer para ser reconocidas de igual manera, que los hombres, ella no pierde la esperanza: “En un futuro no demasiado lejano, diez o quince años, la mujer en el mundo científico ocupará el puesto que le corresponde de acuerdo con su capacidad y su trabajo”.

Loli Luzón

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