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“Cuando decidimos acoger niños, la familia y los amigos nos llamaban locos”

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María Victoria Rivero es de Zaragoza, tiene 51 años y se mudó hace 26 a Torrevelilla (Teruel) para criar a sus dos hijos en un entorno rural. Movida por su carácter solidario, comenzó a acoger temporalmente en su casa a niños que, por distintos motivos, no podían estar con sus padres o esperaban unos adoptivos. Así, su marido Agustín y ella iniciaron su andadura en el acogimiento familiar y convirtieron su hogar de cuatro miembros en una gran ‘familia numerosa’.

María Victoria Rivero

P. ¿Cómo y cuándo conoció el acogimiento familiar?

R. En un anuncio de radio en 1998. Ese mismo año, dos amigos murieron en un accidente y sus hijas quedaron desprotegidas. Por eso, al escuchar el anuncio, le comenté a mi marido que me había parecido algo genial y me dijo que pensaba lo mismo. Fue algo de los dos.

P. ¿Qué les pareció a su familia y amigos?

R. Nos llamaban locos, pero era decisión nuestra y lo hicimos.

P. ¿Puede elegir qué niños acoger?

R. En absoluto. Dependiendo de las características y necesidades de cada niño, escogen una familia u otra.

P. ¿Cuánto tiempo suelen vivir estos niños con usted?

R. Existen tres tipos de acogimientos: permanentes, simples y urgentes. Se diferencian en el tiempo que el niño está en la casa. Los que nosotros realizamos son los urgentes y los menores están un máximo de seis meses, aunque ha habido niños durante un año en casa. Siempre por problemas administrativos.

P. ¿Qué beneficios le aporta a un niño estar con usted en lugar de en un centro de acogida?

R. Muchos. Los niños pueden ver cómo es una familia normal, entre comillas, y les damos el cariño que necesitan. Algo que normalmente no han tenido.

P. Y a usted, ¿qué le aporta el acogimiento familiar?

R. Una alegría increíble. Hemos tenido muchas crisis pero siempre me digo a mi misma que lo que hago está muy bien. Si comparas cómo llega un niño a mi casa y cómo se va… Hemos tenido niños sin pelo ni dientes por malnutrición que se han ido lozanos y felices.

P. Algo que siempre tiene que tener presente es que el niño no va a quedarse para siempre, ¿es difícil anteponer el bienestar del niño al suyo propio?

R. Cuesta mucho. La cabeza funciona por un lado, el corazón por otro y tienen que unirse. Con la experiencia me repongo antes pero, cuando se van, lloro como una loca.

P. Tiene dos hijos biológicos, ¿cómo es su relación con los niños?

R. Increíble. Tienen menos paciencia con ellos que la que puedo tener yo, pero es que la mía tampoco es normal.

P. ¿Ha llegado a tratar a algún niño como a sus propios hijos?

R. Desde que entran por la puerta. No se les puede querer a medias. De hecho, a veces pienso que los educo mejor que a mis hijos porque paso veinticuatro horas con ellos y con mis biológicos no podía.

P. ¿Cómo son las despedidas?

R. Depende del niño. Hay algunos que no se irían y otros que están muy preparados. Por ejemplo, recuerdo a dos niñas que cuando les dijeron que tenían papás adoptivos comenzaron a saltar de alegría. Llevaban un año y medio esperándolo. Sin embargo, hay otros que dicen que lo entienden pero después tienen unas pesadillas horrorosas. Les dices que es una alegría que tengan papás nuevos, mientras tú estás llorando por dentro.

P. ¿Los niños le llaman mamá?

R. Intento que no. Soy Victoria, no soy su madre aunque los trate como si lo fuera. Ellos tienen sus mamás que los quieren con locura aunque de momento no los puedan cuidar.

P. ¿Cómo educa a los niños que acoge?

R. Como haría cualquier madre con su hijo. Les enseñamos a compartir, a no pelear y que llorando no se consigue nada. Todo desde el cariño y buen humor. Pero siempre hay que dejarles claro que hay unas normas en casa y hay que ducharse, cenar sentados, comer con tenedor…

P. ¿Ha sentido más cariño con algunos niños que con otros?

R. A todos los quieres igual pero hay algunos que te gustan más. Con las penúltimas nos pasábamos el día riéndonos y disfrazándonos y su entrega fue preciosa. Pero soy humana y no me siento peor persona por eso.

P. ¿Sigue manteniendo relación cuando los niños dejan su casa?

R. Normalmente no. De los sesenta que he tenido, tengo relación con seis. Pero tampoco lo necesitamos porque tienen que establecer el vínculo con sus padres. Con una foto para Navidad ya me quedo muy contenta.

P. ¿Qué le diría a una familia que esté decidiendo si acoger a un niño o no?

R. Que es una alegría y una manera de vivir. Que se den cuenta de que es algo muy reconfortante y van a hacer mucho bien.

Cristina Polo Calvo (3º de Periodismo)

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